Yogyakarta es la capital cultural de Java, con un rico patrimonio cultural y con un tamaño adecuado para los paseantes. Es un destino turístico local, buena oferta de losmen ( guest houses) y con unos cuantos garitos animados con música en directo, como siempre desde que estamos en el sudeste asiático, haciendo las mismas versiones de clásicos populares del rock y del reggae, sus calles están llenas de tenderetes de artesanía y sobre todo de telas batik. El batik es un estilo de tintado en el que se utilizan ceras y parafinas para fijar los colores y según dicen es inalterable al paso del tiempo, son innumerables las salas de exposiciones y también innumerables los vendedores de ellas que te abordan en la calle, hay que hilar fino porque las imitaciones abundan, un cursillo o una visita a un taller reconocido son recomendables antes de proceder a la compra.
Visitas imprescindibles en Yogya son el Kraton o palacio del sultán donde las mañanas de los fines de semana y con el precio de la entrada se pueden ver espectáculos de sombras chinescas y danza típica de Java, siempre con música en directo con sus peculiares instrumentos de percusión, otra visita imperdible es al Borobodur templo budista del siglo IX y sobre el que se desconoce cómo fue abandonado aunque se sospecha que además del decline del budismo, el volcán Merapi que está muy cerca pudo tener algo que ver, cubierto por ceniza de este en el año 1006 no fue descubierto hasta el año 1814. Es uno de los monumentos históricos más relevantes del sudeste asiático, formado por seis niveles de forma cuadrada en su base y coronado con otros tres circulares, cuenta con más de mil quinientos bajorrelieves con las enseñanzas de buda, cuatrocientas treinta y dos imágenes de este y en su parte superior otras setenta y dos estupas con su correspondiente inquilino en forma buda.
De nuevo al tren para en una jornada acercarnos hasta Probolinggo desde donde abordamos el viaje ya en minibús o bemo hasta Cemoro Lawag, como es norma en esta zona hay que negociar duro el billete del minibús porque hay una mafia que te impide pagar el precio normal e incluso impiden a la gente local que te lleve en su coche, por esto último uno de ellos ya sabe lo que es que alguien te agreda con una mochila, pagamos el sobreprecio y llegamos a Cemoro Lawag, pequeño pueblo a casi dos mil metros de altura desde el que se puede abordar el volcán de Brumo, El Brumo está activo, de hecho la semana anterior a nuestra llegada había estado remoloneando y todo el pueblo estaba cubierto de ceniza. A su lado majestuoso y extinto está el pico o Gunung - en bahasa- de Tengger y a los pies de estos colosos hay un pequeño templo hindú, todo ello rodeado por un paisaje de ceniza gris lo que le da un aspecto lunar. Ver amanecer desde el Bromo en completa soledad y con el ruido de fondo del volcán es un autentico premio por el madrugón, aquí todo el mundo se levanta a las tres de la mañana para ver el espectáculo pero por fortuna eligen otro punto desde el que la vista es un poco mejor pero que está lleno de gente, de jeeps y de motos.